Diálogos Sociales, Biopolítica y Masonería.

La industria farmacéutica forma una parte importante de la economía y aun más del bienestar del ser humano. Los medicamentos están desarrollados por empresas privadas bajo la ley económica, tienen preferencia las investigaciones rentables en enfermedades “frecuentes” como el cáncer. Quien sufre enfermedades raras sabe que poco, o nada, se trabaja para solucionar su problema.

Un aspecto importante de la gubernamentalidad: la tensión entre autonomía y responsabilidad del individuo contra la regulación sutil por los instrumentos del Biopoder y el mercado.

Parece bueno para el individuo estar en forma, alimentarse de manera sana y cuidarse para cumplir con los requisitos de su entorno social. También es interesante la presión de la “life-long learning” (aprendizaje continuo), que es el deber de la formación continua durante toda nuestra vida profesional. Parece que esto está tal vez orientado a nuestra productividad en las empresas. Son horas extras que la mayoría de los empleados hacen en su tiempo libre sin cobrar.

Entramos en una zona gris cuando estos cumplimientos desarrollan una autodinámica: cuando el deseo de cumplir con estándares de salud y belleza artificiales en medios sociales determina la salud (anorexia) o la autoestima de la persona; cuando el individuo cae en la trampa de la autooptimización de su existencia en todas sus facetas productivas (trabajo, fitness). El sistema de “autoayuda” amplifica esto, comunicando que cada uno puede llegar a donde quiere, entonces la frustración está garantizada.

Aplicamos estas ideas a nuestra situación sanitaria actual:

El estado ofrece el sistema sanitario público, y de acuerdo con la financiación, determina los tratamientos que recibimos.  Existe además un sistema sanitario privado bastante importante. Pero en épocas de crisis todo se concentra en el sistema público y se ordena a las clínicas privadas que ayuden.

El estado ofrece instrumentos de una política social que proporciona una buena educación gratis, parvularios y escuelas con un horario apto para la vida profesional de los padres. Hay incluso la posibilidad de acceder a una muerte digna. Estado y médicos tienen el deber de protegernos. Pero durante la pandemia nos hemos encontrado por primera vez desde tiempos de guerra con el tema de triaje: los médicos deciden sobre la vida / muerte de un enfermo/herido,dependiendo de su probabilidad de sobrevivencia o edad/situación social.

Ena la situación actual del coronavirus, el estado cumple con su deber de proteger al ciudadano. Protege a todos y no está dispuesto a sacrificar a una minoría para la supervivencia (económica) de los demás. Rige la solidaridad entre todos por la herramienta de confinamiento estatal. Para evitar un pánico en la población ofrece “panem et circenses” (tiendas alimenticias – Netflix – educación por la tele) pero la medida es drástica para todos. Parece que la mayoría de la población apoya el “quédate en casa”.

En el futuro utilizaremos más medios digitales. Será mejor para el medio ambiente y la vida en ciudades. Para evitar ir a centros médicos acudiremos a médicos virtuales y estaremosdispuestos a proporcionar información biomédica personal y sensible en la red. Gran parte de la ciudadanía está dispuesta dar datos a una red de control para evitar el contacto con coronapositivos, datos que se administrarán centralizadamente y no de modo descentralizado en los teléfonos de la gente.

¿Vamos en camino de controlar el estado de salud de los ciudadanos para identificar los buenos y los pecadores de salud? En el futuro podemos controlar los hábitos de cada persona y exigir una vida más sana (¿por su cuota a la seguridad social u otras bonificaciones, o por ley?).

Cómo tratamos estos datos, o más bien, como tratan las empresas que controlan el programa que los gestionan, será un problema y un gran desafío: convencer a la población de que siga este camino o detener la recolección de este tipo de datos.

Resultado: No somos muy libres como ciudadanos: Ya tenemos bien en cuenta el tema de la formación de opiniones cuando nos pensamos “libres”.

Aparece en primer plano durante la pandemia la cuestión dela libertad del ciudadano sobre su cuerpo y su salud.

■ Aparece en primer plano la naturaleza del control del estado: democrático o autoritario. Este se dará en medio de una crisis sistémica y todos vamos a pagar la factura  del sistema privado.

■ Los grupos humanos se gobiernan por tres palancas: el halago, el miedo o la inducción a aceptar de buen grado los intereses de quien manda. Continuamos con el test de resistencia de materiales que se planteaba en “La doctrina del shock”: ¿Cuánta democracia es capaz de resistir el capitalismo? Existe un modo de hacer funcionar la tercera palanca: la aparición de un ecocapitalismo.

■ Aún desconocemos los efectos de la pandemia. ¿Las acciones médicas han sido las correctas? Parece significativa la presencia pública de militares y la ausencia de expertos científicos. Hay que tener cuidado con las disposiciones que se toman.

■ Aparecen aquí la salud y la enfermedad como conceptos políticos: el poder político decide, como vemos en la psiquiatría. En qué medida renunciamos a la libertad en aras de la seguridad, de una manera que nunca hubiéramos creído, cuando nos sentimos amenazados. Ello está inscrito en una sociedad postcapitalista en la que aparece el culto a “lo natural”, cuando la historia de la humanidad es la construcción de una cultura que nos proteja de los peligros de una naturaleza naturalmente agresiva y peligrosa: reproducir “lo natural” es peligroso. Además, las nuevas tecnologías del big data llevan al control absoluto y la transparencia total. 

■ La sanidad no ha fallado. El problema está en la inteligencia, la capacidad de hacer previsiones. La transacción libertad-seguridad es comprensible e inevitable, coyuntural y personal, pero viene un “estado policial-digital”.

■ Tenemos la sensación de que somos excepcionales, tanto a nivel individual como histórico, pero no es así: ver las epidemias de cólera del s. XIX.  La diferencia reside en el desarrollo científico pero sobre todo en el establecimiento de la biopolítica. Por cierto que esta existía antes de ese nombre: la limpieza de sangre o catalogación étnica delos españoles, el nazismo, la disidencia en la URSS. Pasamos de un modelo de poder de soberanía a consentimiento. Lo importante no es la normativa sino la definción de “lo normal”: se nos va a pedir  que hagamos “lo normal”. Se trata de la manufacturación del consentimiento.

■ El paso del liberalismo al neoliberalismo supone la aceptación del cambio de sentido de las palabras; ¿quién reclama “neolibertad” en vez de libertad? Se trata de pervertir el lenguaje para pervertirlo todo. Ningún gobierno se ha atrevido a ir tan allá en términos de biopolítica como la Generalitat de Catalunya con su idea de pasaporte sanitario.

■ Hay que contar también con el problema del cambio climático, que seguirá estando ahí condicionando el marco general de la cuestión.

■ Veremos el verdadero alcance de la politización de la medicina cuando se inicie la guerra de patentes de la vacuna del Covid-19. Ahora se toman decisiones duras que no corresponden a un criterio médico sino político, pero veamos lo que dice el artículo 15 de la Constitución,  que establece el derecho universal a la vida. Nos estamos familiarizando demasiado con conceptos de excepción.

■ Susan George ya nos advirtió de que el objetivo del neoliberalismo es vaciar la democracia.  En Europa, situada entre los otros bloques, somos pocos, pero nuestra base común es la cultura.  En ella se basa el enorme dinamismo que podríamos tener, la pregunta es cómo construir políticamente un núcleo de pensamiento dinámico democrático y moderno. Quizás mediante una unión federal que valore la diversidad de las regiones de Europa y obvie a los estados nación.

■ La politización de la medicina es inevitable porque detrás de ella hay un gran negocio. Y aun más: vamos hacia un biocontrol en el que pulseras biométricas detectarían nuestros estados de ánimo para efectuar mediciones de la coherencia entre las actitudes personales proclamadas y realmente sentidas. Debemos poner parámetros para considerar a dónde vamos, y esos parámetros son los mimbres necesarios para construir el cesto de unas situaciones de biopolítica aceptada y aceptable. 

Bibliografía y ciberhemerografía seleccionada por la ponente:

Bios: Biopolitica y Filosofia; Roberto Esposito, Turin 2004

https://www.filco.es/biopolitica-y-coronavirus/

Biopolítica y coronavirus; Roberto Esposito en : Filosofía&Co , 24 marzo, 2020

Die Geburt der Biopolitik. Geschichte der Gouvernementalität II – Vorlesungen am Collège de France

1978/1979, Frankfurt 2006

https://psicologiaymente.com/cultura/biopolitica

Biopolítica: ¿qué es y cómo la explicó Michel Foucault?; Grecia Guzmán Martínez

https://www.elsaltodiario.com/el-rumor-de-las-multitudes/vidas-gobernadas-la-biopolitica-segun-foucault

Vidas gobernadas: la biopolítica según Foucault; Ester Jordana Lluch, 04/2019

https://psicologiaymente.com/social/biopoder

Biopoder: un concepto que desarrolló Michel Foucault; Jonatan Navarro Estrada

Una pequeña novela, que hace poco parecia sciencia ficcion divertida (como 1984 y Brave New World) 

Juli Zeh: El método, 2011

La relación entre individuo y estado en el tiempo del Corona – Virus: 

Biopolítica y Biopoder como instrumento de análisis

La mayoría de nosotros estamos viviendo por la primera vez una crisis que pone en peligro nuestra vida. De repente nos encontramos con una pandemia y un sistema político y sanitario sobrecargado. 

La sociedad identifica los grupos de alto riesgo que hay que proteger, aunque algunos políticos lo ven de un modo distinto (Sr. Boris Johnson o Donald Trump) en los hospitales se habla de triaje .

De repente estamos en confinamiento por semanas. Es una importante herramienta de protección para todos, pero exige del individuo mucha disciplina físicamente y mental y pone en peligro su existencia económica y nos quita derechos de ciudadano. En poco tiempo nos hemos dado cuenta del importante rol que tiene el estado para nuestra existencia como seres físicos. 

El concepto de la biopolítica de Michel Foucault puede ayudarnos a tematizar un poco esta situación, como trata la relación entre política y vida biológica del individuo. Foucault analiza la influencia de estrategias estatales en la vida biológica de sus ciudadanos utilizando tres aspectos: Biopolítica, biopoder y gobernamentalidad. 

El termino Biopolítica describe una forma específica de gobierno para gestionar los procesos biológicos de sus ciudadanos. Este interés del estado en sus ciudadanos es bastante reciente:

Hasta el siglo 18 el soberano de un territorio decidía sobre sus súbditos. Tenía el poder de “Hacer morir o dejar vivir”. A partir del siglo 18 el soberano fue reemplazado por el estado y se cambió vista a la vida del ciudadano. El estado empezó a proteger y mejorar la vida con el poder de “hacer vivir, dejar morir”. 

En esta época surge también el interés del estado en la vida biológica de la población como objecto. Un objecto que se investiga (demoscopia) y se administra para hacerlo más productivo (en el campo y la guerra). 

De la investigación hay un pequeño paso a la posibilidad de condicionar el comportamiento deseado por el estado – el Biopoder:  Foucault determina el Biopoder como las técnicas del gobierno que convencen a la población para comportase por si mismos hacia una mejora del estado (riqueza, conservación). Por supuesto – cada individuo es libre en su decisión – pero al final ni se da cuenta de que decide o sigue a su grupo social de referencia.

El biopoder trabaja con un sistema de recompensas. El cumplimiento de las normas está registrado y recompensado. Puede ser por las instituciones mismas (notas escolares, bonificaciones en la empresa, incentivos fiscales, precios subvencionados para un comportamiento sano o impuestos altos sobre alcohol y tabaco), o indirectamente, por el entorno social del individuo donde se ha puesto de moda cumplir con los requisitos deseados, por ejemplo: no tomar tanto el sol o ir en bicicleta).

Foucault ha analizado los aspectos de la Biopolítica y Biopoder en distintos sistemas económicos bajo del tema de Gobernamentalidad. En la recepción actual la gobernamentalidad se refiere más a la integración de distintas disciplinas para reflejar la realidad social como la economía, la sociología, la moral o la psicología de masas.

La industria farmacéutica forma una parte importante de la economía y aun más del bienestar del ser humano. Los medicamentos están desarrollados por empresas privadas bajo la ley económica, tienen preferencia las investigaciones rentables en enfermedades “frecuentes” como el cáncer. Quien sufre enfermedades raras sabe que poco, o nada, se trabaja para solucionar su problema.

Un aspecto importante de la gobernamentalidad se ha puesto de desarrollo en la posición del individuo en este contexto, se trata de la tensión entre autonomía y responsabilidad del individuo contra la regulación sutil por los instrumentos del Biopoder y el mercado.

Parece bueno para el individuo estar en forma, alimentarse sano y cuidarse para cumplir con los requisitos de su entorno social. También es interesante la presión de la “life-long learning”, que esel deber de la formación continua durante toda nuestra vida profesional. Parece que esto está tal vez orientado a nuestra productividad en las empresas. Son horas extras que la mayoría de los empleados hacen en su tiempo libre sin cobrar.

Entramos en una zona gris cuando estos cumplimientos desarrollan una auto dinámica:- Cuando el deseo de cumplir con estándares de salud y belleza artificiales (Photoshop) en medios sociales determina la salud (anorexia) o la autoestima de la persona.- Cuando el individuo cae en la trampa de la auto-optimización de su existencia en todas sus facetas productivas (trabajo, fitness). El sistema de “autoayuda” amplifica esto, comunicando que cada uno puede llegar a donde quiere, entonces la frustración estágarantizada.

Aplicamos estas ideas a nuestra situación sanitaria actual:

El estado ofrece al sistema sanitario público: médicos, hospitales, medicamentos, tratamientos, profilaxis, vacuna etc. Y – por la financiación – determina los tratamientos que recibimos (e.g. poca homeopatía o tratamientos alternativos). A parte de esto, existe un sistema sanitario privado bastante importante. Resulta que en épocas de crisis todo se concentra en el sistema público y se tenía que ordenar a las clínicas privadas a ayudar, pocos lo han hecho voluntariamente desde el principio de la pandemia.

El estado nos ofrece libertad en el tema de la reproducción: aborto y contracepción, inseminación artificial pagado por la mutua. Pero lo más importante son los instrumentos de una política social que ofrece una buena educación gratis, parvularios y escuelas con un horario apto a la vida profesional de los padres.

Hoy en día hay la posibilidad conseguir una muerte digna, el estado deja margen. Estado y médicos tienen que protegernos, es su deber: Así el individuo tiene que organizar las medidas para determinar su muerte de una manera digna al final de una enfermedad terminal. 

Pero durante la pandemia nos hemos encontrado por la primera vez desde tiempos de guerra con eltema de triaje, que los médicos deciden sobre la vida / muerte de un enfermo/herido, dependiendo de su probabilidad de sobrevivencia o edad/situación social.

En el nivel de la investigación, muchos estados intentan proteger la dignidad del ser humano prohibiendo la investigación que utiliza células madre. Ya veremos el futuro en nuestro mundo global, porque otros países tienen leyes distintas.

Haciendo hincapié a la situación actual del corona-virus, el estado cumple con su deber de proteger el ciudadano. Protege a todos y no está dispuesto a sacrificar a una minoría para la supervivencia(económica) de los demás. Rige la solidaridad entre todos por la herramienta de confinamiento estatal.  Para evitar un pánico en la población ofrece “panem et circenses” (tiendas alimenticias – Netflix – educación por la tele) pero la medida es drástica para todos. Parece que la mayoría de la población apoya el quedateencasa. 

En el futuro utilizaremos más medios digitales. Será mejor para el medio ambiente y la vida en ciudades. Para evitar ir a centros médicos acudiremos a médicos virtuales (Netdoctor) y estaremos dispuestos a dar informaciones sensibles en la red.

Al mismo tiempo, gran parte de la ciudadanía está dispuesta dar datos a una red de control para evitar contacto con corona-positivos (APP), datos que se administrarán central (parece que gana esta solución) y no descentralizado en los teléfonos de la gente. 

¿Vamos en camino de controlar el estado de salud de los ciudadanos para identificar los buenos y los pecadores de salud? En el futuro podemos controlar los hábitos de cada persona y exigir una vida más sana (¿por su cuota a la seguridad social u otras bonificaciones, o por ley?).

Como tratamos estos datos, o más bien, como tratan las empresas que llevan el programa estos datos, será un problema. Este será un gran desafío: convencer a la población que siga este camino o parar la recolección de este tipo de datos.

Resultado: No somos muy libres como ciudadanos: Ya tenemos bien en cuenta el tema de la formación de opiniones cuando nos pensamos “libres”.

El tema de la libertad del ciudadano sobre su cuerpo y salud ha vuelto de importancia para mí en estos días de la pandemia.

He dicho.

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